agosto 19th, 2010
Todas las campañas sobre aspectos ambientales, como toda campaña contemporánea, han adquirido un fuerte contenido mediático y espectacular, porque como bien decía Feuerbach en el prólogo de “La sociedad del espectáculo” (Ver post “La sociedad del espectáculo” publicada en este blog el 01 de abril de 2010) de Guy Debord “Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… ”, o sea que es muy difícil discriminar entre la realidad y la ficción en las argumentaciones de cualquier campaña.
En realidad es inevitable que esto suceda ya se trate de elecciones presidenciales, eventos deportivos, venta de electrodomésticos, ayuda a los refugiados de Nepal, etc., así que no nos debe extrañar ni asombrar que las campañas ambientalistas también lo hagan.
Quiérase o no la mediatización implica espectáculo y por lo tanto la construcción de una realidad más o menos ficticia que puede llegar a ser grotesca. Uno de los ejemplos de surrealismo mediático ambiental es el de los que defienden el acuífero Guaraní, que dicen que si no adoptamos medidas, nos van a llevar el agua, la verdad que al menos hasta ahora, lo único que nos están llevando es nuestro dinero, pero no los extranjeros, sino los ambientalistas que estudian el acuífero Guaraní. Dicen que es la reserva de agua potable más grande del planeta (o la segunda, no sé y tampoco importa tanto) y que los rubios del Norte pretenden llevársela porque ellos no van a tener más.
La verdad es que el transportar agua ubicada a varios cientos de metros en las profundidades de la tierra y transportarla varios miles de quilómetros, no es la forma más razonable y económica de aprovisionarse de agua potable, hay muchas más opciones más baratas que no requieren tantas complicaciones para obtenerla.
En primer lugar hay que tener en cuenta que un ser humano necesita del orden de dos litros de agua por día y las plantas potabilizadoras suministran del orden de dos cientos litros de agua por persona y por día, según el nivel socio económico de la población, o sea que producen del orden de cien veces más de lo estrictamente necesario para el consumo humano, por lo tanto el problema de agua para consumo, y no para otros usos, es un problema de una magnitud mucho menor que el suministro de agua a una ciudad con los criterios actuales.
Conseguir agua en cantidades requeridas para consumo, en la gran mayoría de los casos no es algo que se transforme en crítico, si llueve, cosa que es imposible que deje de suceder y además con el calentamiento global va a llover más (ver post “Cambio climático editado el 20 de mayo de 2010), siempre es posible captarla y almacenarla, no es potable, pero es sencillo y barato potabilizarla, si hay agua contaminada, ya sea orgánicamente o con metales pesados, se puede destilarla, y luego agregarle una pequeña cantidad de sales; si no está tan contaminada, puede bastar con hervirla, si se tiene el mar cerca, se puede o destilarla o desalinizarla, si hay acuíferos con alto contenido salino, igual, en fin siempre hay alternativas, aun con la tecnología actual. Lo más probable es que la tecnología de desalinización progrese hasta hacer económico el tratamiento de grandes cantidades de agua. De última, con los deshumidificadores se puede conseguir agua en cualquier parte, sacándosela a la atmósfera, ya hay dispensadores de agua atmosféricos que se venden comercialmente y se han desarrollado tecnologías más eficientes y menos contaminantes que la de los deshumificadores convencionales.
Como se ve hay mucho cuco en esto del agua, no es que en un futuro, en algunos lugares no se transforme en un problema verdaderamente grave, pero con tanto océano, lluvias , acuíferos subterráneos y vapor de agua en el aire la cosa no va a ser tan dramática. Creo que es razonable afirmar que el agua para consumo humano no va a ser un problema crítico, aun en el largo plazo.
No es lo mismo el problema de agua para riego, en el estado actual de la tecnología es impensable tratar el agua de mar para llevarla a los estándares de agua para riego, y no creo que el avance tecnológico lo pueda conseguir en corto plazo, aunque el desarrollo de la ingeniería genética puede ayudar, produciendo cultivos que consuman agua salada.
Hay que tener claro que el verdadero problema no es el agua, es el aumento de población, y por lo tanto aumento de demanda de agua y el aumento de demanda de territorios para alimentar una creciente población, que en algún momento serán insuficientes para calmar la sed y/o el hambre de todos.
Parecería que las campañas ambientalistas deberían hacer un poco de autocrítica y actúen con Responsabilidad Social (Ver post publicado el 11 de febrero de 2010 con el título “Responsabilidad Social)”, porque ya están empezando a perder credibilidad por la utilización de recursos propagandísticos propios de la guerra fría y de la venta de hamburguesas. Hay que ser más serios en las propuestas y enfocar el problema del agua en las verdaderas causas que lo provocan y no en las consecuencias de estas causas.
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abril 1st, 2010

Consejo de Ministros
“Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado.” Feuerbach, epígrafe de “La sociedad del espectáculo”, publicado en 1967.
“La sociedad del espectáculo” es un ensayo, cuyo autor Guy Debord (1931-1994), escritor, cineasta y activista político francés, un personaje talentoso, complejo, controvertido y polémico, fundador y líder de un pequeño grupo ultrarradical que arremetía contra todo y contra todos, denominado la Internacional Situacionista, fundada en 1957, que pretendía ser la nueva vanguardia artística y filosófica durante la segunda mitad del siglo veinte. Sus conceptos no encajaban con los de la sabiduría convencional de los intelectuales contemporáneos, a quienes despreciaban, ellos pretendían una revolución cultural de una sustancia muy diferente a la de los movimientos revolucionarios de la época[1]. Eran una especie de post anarquistas y tuvieron cierta responsabilidad en las revueltas de mayo del 68 en Francia, algunos dicen que su influencia fue marginal y otros que el movimiento Situacionista fue el responsable ideológico de los desórdenes, pero lo cierto es que eslóganes como “No trabajéis nunca”, “Gozar sin trabas”, “Consumid más, viviréis menos”, que estuvieron de moda durante esos sucesos, fueron acuñados años antes por los situacionistas.
El grupo se disolvió en abril de mil novecientos setenta y dos, el propio Debord junto con Gian Franco Sanguinetti, explicaron que las ideas del movimiento ya habían sido diseminadas, dando por terminada su razón de ser. Un fin demasiado silencioso para una agrupación ultra vanguardista, revolucionaria e intransigente y con un pasado glorioso, seguramente el fracaso en la revuelta de mayo del sesenta y ocho caló hondo en los situacionistas y, fundamentalmente, en Debord, quien más tarde reconocería que acertó en los diagnósticos pero se equivocó en las recetas. A partir de entonces seguiría escribiendo y haciendo cine experimental (que no tuvo buena crítica) pero sin ningún aporte relevante. Se suicidó en mil novecientos noventa y cuatro como consecuencia de una enfermedad irreversible derivada de su adicción al alcohol, prefirió darse un tiro en el corazón cuando la situación era inaguantable, antes que caer en manos de médicos, a quienes aborrecía, así era de radical.
Debord, en “Comentarios sobre la sociedad del espectáculo” (1988) observaba, hace ya muchos años, un fenómeno que estaba adquiriendo cada vez mayor relevancia: “La posesión de un ‘estatus mediático’ ha adquirido una importancia infinitamente mayor que aquello que uno haya sido capaz de hacer realmente.” Y también: “Aquello de lo que el espectáculo puede dejar de hablar durante tres días es como si no existiera. El espectáculo habla entonces de otra cosa, que, a partir de ahí, en resumidas cuentas, existe. Como se ve, las consecuencias prácticas son inmensas.” Con esta concepción el “Pienso, luego existo” de Descartes se transforma en “Soy mediático, luego existo”, es una nueva racionalidad.
El espectáculo, en la concepción de Debord, el viejo sueño de las clases dirigentes de poder transformar la ficción en realidad, siempre existió en mayor o menor medida a través de la historia y las civilizaciones, lo que sucede actualmente es que, con los nuevos medios de comunicación masiva y la evolución de las técnicas de manipulación, las clases dirigentes disponen de herramientas capaces de transformar la ficción en realidad como nunca antes habían tenido.
El film “La cortina de humo” (Wag the dog), protagonizado por Dustin Hoffman y Robert de Niro, creo que puede considerarse la versión cinematográfica actualizada de “La sociedad del espectáculo”, muy diferente de la que filmó Debord, quien seguramente no la aprobaría, pero, a mi modo de ver, tiene el mismo mensaje, aunque su apariencia sea más light que el estilo de intelectual de mediados de siglo XX de Debord. Lo que sucede es que los norteamericanos son más sencillos y dicen las cosas de modo que se entiendan.
Seguramente en un futuro próximo el principal espectáculo será la denuncia del poder de los medios de comunicación y de su tergiversación de la realidad, así funciona el espectáculo, de esa manera la denuncia pasa a ser una realidad, o sea una ficción.
Debord fue devorado por “La sociedad del espectáculo”, por una razón muy sencilla, la tecnología forma parte de la cultura, como también el espectáculo, eso fue así desde los inicios de la civilización y, pese a todos sus inconvenientes, la cultura convencional es permeable al progreso y cuando aparecen nuevas ideas, se apropian de ellas y las adaptan a sus intereses.
A diferencia del gozo sin trabas que preconizaban los situacionisas, en la actualidad se goza sin ahorro, se paga con tarjeta de crédito en infinitas cuotas y se lo exhibe con regocijo, es real pero también ficción…y produce crisis reales.
[1] Para Debord y los situacionistas, los regímenes de China, Vetnam del Norte y Cuba eran capitalismos burocráticos de estado y “la hora del sindicalismo revolucionario pasó desde hace tiempo, porque bajo el capitalismo modernizado, todo sindicalismo tiene reconocido su sitio, grande o pequeño, en el espectáculo de la discusión democrática sobre los acicalamientos del estatuto del trabajo asalariado, es decir, es interlocutor y cómplice de la dictadura del trabajo asalariado: democracia y trabajo asalariado son incompatibles”. Carta de Guy Debord a los anarquistas españoles de setiembre de 1980, titulada “
A los libertarios“.
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