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REFLEXIONES SOBRE OBJETIVOS EMPRESARIALES

diciembre 4th, 2012


En la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson se cita una frase de Jonatham Ive[1] de una charla que dio Jobs  a sus principales directivos, justo después de convertirse en consejero delegado en funciones de Apple en 1997, “Recuerdo claramente como Steve anunció que nuestra meta no era simplemente ganar dinero sino también crear grandes productos. Las decisiones que se toman de acuerdo con esta filosofía son radicalmente diferentes de las que se habían estado adoptando en Apple”.

Es interesante destacar el concepto de Steve Jobs sobre la empresa que él quería que fuera Apple: no era una empresa con una visión estrictamente mercantilista, definía claramente en sus objetivos el crear grandes productos (obviamente además de ganar dinero, si no no podrían crear grandes productos) y, efectivamente como afirmó Jobs, las decisiones a adoptar son radicalmente diferentes.

Si bien Jobs a lo largo de su vida dio muestras que su objetivo principal no era obtener dinero vale la pena recalcar que, siendo multimillonario como lo era, podía darse el lujo que el lucro no fuera el objetivo prioritario de su empresa.

Él quería que Apple fura reconocida como una empresa de vanguardia, innovadora, creativa, cuyos productos se diferenciaran de los de la competencia por su diseño, prestaciones y calidad.

También podría ser que él pensara que el lucro sería una consecuencia de los excelentes productos que ofrecerían al mercado y que sería mayor que si hicieran productos estándar.

Sea como fuere, el hecho es que una empresa importante define explícitamente entre sus objetivos metas no mercantilistas, lo cual va en contra de lo que afirmaba Milton Friedman que “una empresa tiene una sola responsabilidad: el rendimiento económico[2]. En realidad el lucro no es la única responsabilidad empresarial, toda empresa tiene que tener una “Responsabilidad Social” (Ver Post “Responsabilidad Social” publicado el 11/02/10, que transcribía un capítulo de mi libro “La empresa del siglo XXI”, en el cual fundamentaba que es válido exigirle a las empresas una “Responsabilidad Social” por cuanto toda empresa, en mayor o menor medida ejerce una autoridad sobre la sociedad, no una autoridad en el sentido de relación jerárquica administrativa, pero sí en el sentido que sus decisiones empresariales pueden llegar a modificar nuestras conductas, hábitos, medio ambiente, etc.).

Las manifestaciones de Jobs son una muestra que en el futuro, cada vez más, los directivos de las empresas deberán considerar en el planteo de los objetivos empresariales otros indicadores que nada tienen que ver con el lucro, pero que influirán en la evaluación del desempeño empresarial, como ser protección del medio ambiente, calidad del producto, condiciones laborales, aceptación pública, etc., son elementos difíciles de cuantificar y no existen metodologías para hacerlo, pero con el tiempo serán incorporados explícitamente al quehacer empresarial y se desarrollarán metodologías que, de alguna manera, cuantifiquen su impacto.


[1]  Jefe del Departamento de Diseño de Apple, estrecho colaborador de Steve Jobs, quien sentía un profundo respeto por Ive. Recientemente ha sido ascendido a vice presidente.

[2]   Peter Drucker escribió que decir eso era una frivolidad. (“El gran poder de la pequeñas ideas”, Editorial Sudamericana, 1999, pág. 144).

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LAS FRONTERAS DEL DESPOJO

abril 27th, 2010

Este post ha tomado como base el capítulo “El entorno burocrático“, del libro de mi autoría “Esa confusa consistencia de la burocracia“.

Toda sociedad humana, para funcionar como tal, necesariamente debe tener una organización administrativa, llamémosle gobierno, cuya función sería la de posibilitar y mejorar las condiciones de convivencia y supervivencia de sus integrantes.

Para cumplir con esa función los gobiernos precisan recursos, para conseguir estos recursos se les proporcionan instrumentos que les permiten poder despojar a sus gobernados sin que éstos tengan derecho a resistirse. La forma clásica de materializar el despojo es a través de impuestos, tasas, timbres, etc., pero los gobiernos de todas las épocas se las han arreglado para encontrar maneras más creativas de despojar a sus gobernados inventando un sinnúmero de nuevas formas más o menos solapadas de confiscar al contribuyente como ser devaluaciones, aumento de tarifas de entes públicos, congelaciones de salarios, etc., algunas de ellas en los límites (o bien adentro) de la ilegalidad.

En nuestro país, a través de los tiempos, el despojo (así llamaré a lo que el gobierno le saca al contribuyente) ha ido aumentando de forma lenta pero inexorable, y cada nuevo gobierno, que siempre encuentra la situación del país “peor de lo que imaginó”, no se le ocurre otra forma mejor de superar esas circunstancias que aumentar la presión impositiva en todas sus formas.

Si la tributación siempre crece, necesariamente llegará a un punto que se haga insoportable, en particular es imposible sacarle al contribuyente más de lo que gana, confiscarle sus propiedades y esclavizar a su familia. Ese sería un límite máximo práctico hasta donde podría llegar la tributación[1], pero es evidente que mucho antes de alcanzar esos valores empiezan a suceder cosas.

Lo primero que se debe reconocer es que el contribuyente es un ser humano que carece de solidaridad, no tiene el menor interés de pagar impuestos y hará todo lo posible por evaadirlos, esto ha sido así desde que el mundo es mundo, o sea que aunque haya todo un aparato recaudador autorizado por la ley, humana o divina, despojar al contribuyente es una tarea ardua.

Otra condición que hay que tener en cuenta es que el aumento de tributación fomenta la evasión o sea que una imposición que pretenda ser eficiente debe tratar que el aumento no sea tal que genere una evasión que haga que la recaudación global sea menor que la de antes de subir los impuestos.

Estos dos aspectos comentados en los párrafos precedentes son importantes al tratar de implementar una política tributaria, porque tienen implicancias trascendentes, para ello lo primero que hay que preguntarse es quiénes son los evasores, es claro que en toda la escala social habrá evasores, a éstos no los afecta cuánto sea el monto del despojo porque intentarán no pagar, pero sí interesa quienes son los que evaden, la respuesta es sencilla, los de menores recursos, porque no tienen ni para su subsistencia, y los de mayores recursos, porque pueden contratar estudios profesionales especializados en evasión de impuestos o sencillamente yéndose del país a otro lugar donde el despojo sea más soportable.

Por otra parte los que aportan son, por un lado las grandes empresas, generalmente de posición monopólica o similar, que tienen posibilidad de trasladar los impuestos al precio del producto (el que termina pagando el impuesto es el consumidor) y cuando no tienen esa capacidad de trasladarlo, emigran y en segundo lugar, también aportan quienes integran la clase media, pero no es por patriotismo, sino porque tienen lo suficiente como para les importe si no pagan, porque las sanciones por incumplimiento, que siempre son leoninas, los pueden perjudicar considerablemente, pero no tienen lo suficientemente como para mandarse mudar del país huyendo de la expoliación.

En definitiva, los que terminan pagando casi todo son los integrantes de la clase media y esto nos da una pauta fundamental de una política tributaria: para obtener buenas recaudaciones: hay que tener una clase media numerosa, de esa manera se consigue una mayoría silenciosa y contributiva que es la base más sólida que puede tener cualquier gobierno.

Pero no solamente es tener una clase media numerosa, hay que mantener una clase media numerosa, el recurso también tiene que ser renovable, para ello hay que despojar con criterio, si la depredación es demasiado grande puede suceder que un porcentaje de la clase media deje de serlo y entonces deje de tributar, casi diría que hay que aplicar a la tributación el concepto medioambiental de desarrollo sostenible, no hay que deteriorar el medioambiente contributivo para que pueda seguir tributando, hay que implementar una tributación sustentable.

O sea que un criterio razonable para establecer los niveles de tributación sería subir los impuestos hasta un límite que quedaría fijado por una de estas dos limitantes, la primera que el aumento de tributación no provoque baja de recaudación y la segunda, que este aumento en la tributación no sea tal que empobrezca sectores de población llevándola de la clase media a la pobreza, ya que se estaría fomentando la informalidad y por lo tanto la evasión.

Si quisiéramos saber en qué niveles de tributación nos encontramos, como todos creemos que los impuestos son escandalosamente altos, las encuestas no sirven para saber si es alta o baja, todos vamos a decir que es mucho lo que se nos saca. Para tener idea de lo que está sucediendo se puede apelar a otros indicadores, uno de ellos es analizar la actividad informal, que siempre existe porque siempre hay gente que no quiere pagar impuestos, pero cuando la actividad informal alcanza niveles tales que adquiere relevancia política, no aparece como consecuencia de pueblos poco respetuosos de las leyes y deseosos de no pagar impuestos, sino que surge como consecuencia que los límites tolerables de la tributación han sido largamente superados para vastos sectores de la población (no olvidemos que el que la presión tributaria duplique largamente el diezmo bíblico, puede llevar a mucha gente a pensar que es mejor estar con el diablo que con dios).

Si en nuestro país observamos la actividad informal, vemos que no solamente la podemos encontrar por todos lados, sino que se ha institucionalizado de una forma tal que, en algunos casos se ha formalizado lo informal, lo cual parece surrealista y suena a disparate. Las cosas han llegado tan lejos que el propio Estado ha utilizado subterfugios para transformarse en evasor, el pago de sueldos o aumentos de sueldo con bonos para compra de artículos para el hogar en comercios establecidos es una forma de evadir la Seguridad Social. Si el propio Estado es evasor, qué no se puede esperar de los contribuyentes.

La relevancia que ha adquirido la actividad informal en nuestro país es un claro indicador que nuestro sistema tributario tiene deficiencias importantes, una de ellas es una presión tributaria muy elevada, el veintidós por ciento de impuesto al valor agregado es sideral, pero no es lo único, las amnistías tributarias reiteradas una y otra vez es una práctica habitual que fomenta una cultura de no pago, con efectos perniciosos a largo plazo, no solamente por lo que no se recauda, sino porque al haber muchos evasores, quienes pagan son unos pocos y además fomenta una cultura del no pago.

Para hacer una reforma tributaria que sea exitosa, además de contemplar los aspectos de sustentabilidad, deberá fomentar una nueva cultura tributaria que dé mayores garantías al contribuyente que no van ser favorecidos aquéllos que no pagan impuestos, aunque con el clientelismo político existente parece bastante difícil.


[1]  Aunque también es seguro que algún gobernante, en algún lugar del planeta, alguna vez, haya despojado algo más. Para recaudar o evadir la imaginación humana no tiene límites.

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