¿CUÁN DEMOCRÁTICAS SON LAS DEMOCRACIAS?

Cuando escribí “La empresa del Siglo XXI”, allá por 1999, en algún momento decía “En este trabajo no se discutirá cuán democráticas son las democracias, algo que debería hacerse con mayor asiduidad”. Finalmente lo edité en noviembre de 2009 (todavía no lo he presentado al público), y no modifiqué ni comenté con mayor detalle lo de cuán democráticas son las democracias, fue un error del cual me arrepiento, porque la edición fue con posterioridad a la crisis del 2008, y a esas alturas ya había quedado muy en evidencia que las democracias (las occidentales) distaban mucho de serlo.

Uno de los principales problemas que está teniendo Occidente es que sus gobiernos pretenden vender, a sus gobernados y demás países del planeta, que sus gobiernos son democracias, es decir que son los representantes del pueblo, pero la verdad, que ya nadie se los toma en serio, porque el mejor marketing para vender democracia es practicar democracia y no llenarse la boca de lo democráticos que son.

Previo a la crisis de 2008 todos los gobiernos de Occidente permitieron al sector financiero, no sólo que inflara la burbuja inmobiliaria hasta límites disparatados, sino que se dejó prestar varias veces lo que no se tenía, es decir, se permitió que el sector financiero impunemente, en los hechos, emitiera moneda, además de eso los gobiernos dejaron que la especulación en las Bolsas llevara la cotización de las acciones a valores siderales, todo eso sin el más mínimo control de nada y, más bien, mirando para otro lado. Como semejante dislate solo puede mantenerse a base de confianza, y el jubileo era tan grande, en algún momento la gente empezó a sospechar y empezó a sacar la plata de los bancos y a vender acciones y, por supuesto, empezó la desbandada. Como no hay banco que pueda devolver los ahorros de todos los depositantes, ni bolsa que aguante corrida, el despelote fue mayúsculo: una de las peores crisis financieras conocidas. Para evitar que el sistema financiero colapsara, los gobiernos democráticos respaldaron los bancos, es decir le prestaron plata que tampoco tenían (obviamente emitiendo, es decir blanquearon la inflación que el sector financiero había generado y que ellos habían permitido con una devaluación que la pagamos todos, aunque nunca nadie lo admitió explícitamente. De arranque, solo el gobierno de los Estados Unidos emitió de un saque setecientos mil millones de dólares surgidos de la nada).

La gravedad de la crisis y sus efectos se puede resumir en cualquiera de estas dos frases “el sueño americano ha muerto, si naces pobre seguirás pobre” o “el fin del sueño americano: cuando los hijos ganan menos que los padres”. Si esto pasa en Norteamérica, lo más probable es que a los demás les pase peor. Resumiendo: lo que nos espera en corto y mediano plazo no va a ser mejor que lo que nos está pasando y será consecuencia de la crisis de 2008.

Las democracias occidentales, pese a que saben muy bien lo que sucedió, continúan en lo mismo, las Bolsas occidentales no sólo se recuperaron de la crisis sino que los valores de las acciones superaron largamente la cotización anterior a ella. Y con un panorama nada optimista que justifique semejante sobrevaloración. O sea que los valores de las acciones son una ilusión, en algún momento alguien se dará cuenta que los valores de las acciones y la realidad circulan por carriles diferentes y ya sabemos que es lo que va a suceder.

Parece inocente pensar que los “democráticos” gobiernos de occidente no se den cuenta de lo que pasa, ni que no puedan tomar medidas para evitar especulaciones basadas en sobrevaloración ficticia de activos: son cómplices y socios de la especulación.

Hay que reconocer que las democracias occidentales  lejos de perfeccionarse, han ido evolucionando unánimemente (si a esto se le puede llamar evolución) hacia lo que podríamos denominar “corruptocracias”, el caso paradigmático es el de Brasil, con una Presidenta destituida, un ex Presidente procesado, un Presidente en la cuerda floja y una multitud de políticos y empresarios procesados por actos de corrupción, no seamos tan inocentes de creer que todo eso es una maniobra imperialista para derrocar los gobiernos progresistas. Pero no es el único país donde hay una corrupción extendida, en Argentina, Venezuela, España los niveles de corrupción no tienen nada que envidiarle a Brasil, y hay casos investigados como los de Juan Manuel Santos (Premio Nobel de la Paz, se lo dieron por pacificador no porque no fuera corrupto) o el ex Presidente Ollanta Umala, parece que lugar donde investiguen, lugar donde encuentran corrupción, incluida la civilizada Europa.

La opinión de Vladímir Putin sobre la democracia, según los modelos vigentes en los países más civilizados, es que es “débil”, “manipulable” y propensa a innumerables “trampas”. (ABC, Madrid, 31/07/2016 “¿Por qué Vladímir Putin está convencido que la democracia occidental no funciona?”.

Un caso paradigmático que las democracias son “manipulables” y propensas a innumerables “trampas” fue cuando el Parlamento colombiano aprobó el pacto entre el gobierno y las FARC, que había sido rechazado en un plebiscito popular, o sea que la falta de respeto a las decisiones populares, que deberían ser inapelables (según la teoría de las democracias) es algo que sucede. Además en algo tan visible a nivel mundial, como lo fue el pacto entre gobierno y FARC, que le permitió a Juan Manuel Santos obtener un  Premio Nóbel de la Paz, ahí hay demasiadas complicidades en un acto ilegal por donde se lo mire, y son complicidades de demócratas.

Más allá de las opiniones de Putin (que no dejan de ser puntos de vista personales) y de los vericuetos que utilizan los gobiernos democráticos para salirse con las suyas, hay algo que se acepta tácitamente en las democracias occidentales y que es bastante cuestionable: la existencia de Los Partidos Políticos, haciendo analogía con la economía se puede decir que en el mercado de consecución de votos no existe libre competencia, es un mercado oligopólico (es mejor eso que el Partido único), pero un ciudadano común que quisiera postularse no compite en igualdad de condiciones con las organizaciones partidarias (que además, en su manera de financiarse utilizan métodos difíciles de justificar, lo que mejora su posición frente al ciudadano común). O sea que la validez de autoproclamarse los representantes del pueblo por parte de los gobernantes occidentales pertenecientes a Partidos Políticos es bastante más que cuestionable, pues tienen un poder sobre el mercado de votantes muy superior a un ciudadano común.

Otro de los cuestionamientos que nunca se hacen a las democracias occidentales es el de la separación de poderes, la teoría es muy linda, pero la realidad nos muestra que las cosas no son tan como dicen. Los Partidos Políticos postulan para el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, o sea que la existencia de intereses comunes entre los candidatos (de alianzas políticas, intereses económicos, etc.) entre los integrantes de ambos Poderes hace que la independencia de ambos poderes, en la práctica, no sea más que una ilusión, eso lo vemos todos los días, nadie en su sano juicio puede afirmar que el actual Parlamento sea independiente del Poder Ejecutivo y vice-versa, eso pasa en todos lados, no sólo aquí.

Hay voces que han cuestionados las democracias por la forma que se eligen los candidatos, uno de ellos fue el premio Nóbel de Literatura 2003, el Sudafricano John Maxwell Coetzee, que escribía “De la misma manera que en la época de los reyes habría sido ingenuo pensar que el primogénito varón del rey sería el más capacitado para gobernar, así en nuestro tiempo es ingenuo pensar que el dirigente democráticamente elegido será el más adecuado. El gobierno de sucesión no es una fórmula para identificar al mejor gobernante, es una fórmula para conferir legitimidad a uno u otro y prevenir así el conflicto civil. El electorado, el ‘demos’, cree que su tarea consiste en elegir al mejor hombre, pero lo cierto es que se trata de una tarea mucho más sencilla: la de ungir a un hombre (‘vox populi dei’), no importa a quién.

Contar votos puede parecer un medio para averiguar cuál es la verdadera (es decir, la más ruidosa) ‘vox populi’; pero el poder de la fórmula de contar votos, como el poder de la fórmula de primogénito varón, radica en el hecho de que es objetiva, sin ambigüedad, y está fuera del campo de la decisión política. Lanzar una moneda al aire sería igualmente objetivo, igualmente carente de ambigüedad, igualmente indiscutible y, en consecuencia, igualmente podría afirmarse (como se ha afirmado) que es ‘vox dei’.

Nosotros no elegimos a nuestros dirigentes lanzando una moneda al aire, pero ¿quién se atrevería a afirmar que el mundo estaría en peor estado de lo que está si sus dirigentes hubieran sido elegidos desde el comienzo por el método de la moneda (…)” . Diario el Mundo de España el dieciocho y veintiuno de enero de dos mil ocho.

También en el diario El Mundo 19/02/2017 se publicó el artículo ‘Contra las elecciones’… y el referéndum simplista, por IÑAKI GIL que decíaEl jueves por la tarde asistí a la discreta presentación del ensayo político que más ruido ha hecho en Europa en los últimos años. Se titula Contra las elecciones y lleva un subtítulo (algo) más tranquilizador, Cómo salvar la democracia (Taurus). Su autor es un belga de 45 años que estudió arqueología y filosofía llamado David van Reybrouck. Yo no estoy de acuerdo con lo que propone, aunque me parece digno de estudio. Y, en cualquier caso, me temo, su diagnóstico es certero.

Sin un cambio profundo, el sistema actual tiene los días contados. Basta con ver el aumento de la abstención electoral, la pérdida de afiliaciones de los partidos y el menosprecio por los políticos; cuán difícil resulta que se formen los Gobiernos, lo poco que duran y lo mal parados que acostumbran a salir; la rapidez con la que se abren paso el populismo, la tecnocracia y el antiparlamentarismo; el anhelo creciente de los ciudadanos por poder participar y la rapidez con que ese deseo se puede convertir en frustración; todo eso basta para darse cuenta de que estamos con el agua al cuello. No nos queda mucho tiempo.

¿Quién no ha descrito con palabras parecidas este “síndrome de fatiga democrática”?

El año pasado fue el del Brexit y el de Trump. Éste puede ser el de Marine Le Pen y Geert Wilders. Por no hablar del fracaso de la reforma constitucional en Italia y el ascenso de Beppe Grillo. Sin olvidar a Syriza, y el trágala de recortes que está aplicando tras convocar un referéndum para enfrentarse a la Troika…

Ante este estado de cosas, algunos vienen defendiendo que el cuerpo legislativo sea escogido por sorteo. Como suena. Antes de darse a la rechifla, le recuerdo que en muchos países, entre ellos éste, ciudadanos elegidos al azar forman jurados que deciden la inocencia o culpabilidad de una persona.

Uno de la cuadrilla, que asistía a la presentación del libro, me susurró al oído la frase de Montesquieu: “El sufragio por sorteo es democrático por naturaleza; el sufragio electivo, aristocrático”.

En fin, ¿creen que un Senado formado por ciudadanos elegidos al azar sería más ineficaz que el actual?

Reybrouck es muy crítico con la democracia representativa. “Las elecciones no son sinónimo de democracia y en ocasiones resultan incluso perjudiciales para ella”, escribe en su epílogo.

Pero aboga por una solución mixta de “sorteo y elecciones, dos formas combinadas de representación popular, aunque sólo sea para anular la campaña electoral continua y el pensamiento a corto plazo: porque quien en el siglo XXI limita todavía la democracia a unas elecciones no hace más que socavarla de manera premeditada”.

El belga es partidario de que, ante una decisión importante, las autoridades elijan por sorteo a un grupo de ciudadanos para que debatan sobre ella antes de volver a tratarla con otros. . .

Mejor lean la entrevista de Irene Hernández Velasco a Van Reybrouck. Feliz paseo”.

 

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